Ricky: Un “tubero” en la Freehouse

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4 años desde que dejé mi anterior trabajo. He hecho mis trabajillos como diseñador freelance, he intentado crear mi propia marca de ropa junto a mi amigo Saúl, alguna entrevista suelta mientras en sitios bastante dispares, pero nada serio. No eres tu, soy yo, lo siento, pero aquí no hay sitio para tí.

 

Me considero un tío inteligente, capaz y relativamente cabal (si no me quiero yo, quién me va a querer), pero también hay que ser realista y sincero con uno mismo. Soy un vividor, tengo poca fuerza de voluntad para hacer cosas que no me gustan aunque vea que las necesito. Y cabezón, eso también. Vamos que al final tengo cualidades, pero no las exploto como debería, o a lo mejor pienso que las tengo y no es así. No lo sé, estoy trabajando en ello. Me encanta el diseño, la impresión 3D, los videojuegos, el deporte y la fotografía. Y salir de noche, tomarme algo y vivir la vida, que esto no es un CV, no va a ser todo bueno. Y comer, comer es felicidad. Y quien diga lo contrario miente.

 

4 años y aquí estoy. Una nueva entrevista, pero esta es diferente. Una casa, gallinas, una perra hiperactiva y otro que está gordo porque no se mueve, una canasta, algún Mac, gente un poco rara y mesas hechas con palés. Está claro que he tocado fondo. Durante mi travesía por el desierto me dediqué a las apuestas porque necesitaba el dinero, no se me daba mal, tenía hasta un grupo y todo. Mi madre me decía que tuviese cuidado, que iba a acabar mal. No la creí, no pensaba que iba a llegar a esto. Una de las gallinas tenía hasta nombre, coococo, con dos o. Mi futura compañera de trabajo sería una gallina con nombre de canción del verano. No daba crédito.

 

Me recibe una chica de pelo rizado y me lleva a la cocina que a su vez es sala de reuniones. Tengo que hacer una prueba a ver si soy apto, una presentación en una semana para un proyecto llamado Freevan, que tengo todos los datos en Trello me dice un amable señor con barba que parece el jefe. Hay mucho personaje a simple vista, pero bueno, yo también me considero uno y bien feliz que soy. Además parecen gente de bien, rarillos, pero amables. Lo pasan bien, se les ve relajados, y eso sí que es vida.

 

La semana pasa, y además de crecer en mi interior la imperiosa necesidad de darle mi más sincera enhorabuena algún día al creador del tal Trello, me he puesto serio y he sacado algo guay, tengo confianza en lo que hecho. Lo presento, paso la prueba, me ofrecen trabajo. Tienen una canasta y me gusta el baloncesto. Y una gallina con nombre. A lo mejor le tengo que comprar algo para empezar con buen pie, no lo sé.

 

Meses después, soy uno más dentro de la casa. Poco a poco voy mejorando, incluso ahora formo parte de un equipo de diseño, un tridente de los que hacen época junto a dos personas maravillosas, Vane y Donia. Su nombre, Moola. Sí, también con dos o, habría que estudiar esa obsesión.

 

No es todo perfecto, eso es imposible. Pero son buenos tiempos. Actualmente estoy en proceso de creación de una nueva start up. Hoy en día no eres nadie si no tienes una ni pones nombres guays en inglés en tu perfil de LinkedIn, así que en ello estoy, se llama Betsuite. Sí, bet, apostar en inglés. Mamá, tenías razón.

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